Un Recuerdo Gastronómico en Mendoza
Septiembre en Mendoza trae consigo la llegada de la primavera; los árboles comienzan a cambiar de color y, con ello, flores y vegetales nuevos aparecen en verdulerías y ferias. Uno de estos ingredientes son los alcauciles, que para muchos son solo una verdura de temporada. Sin embargo, para la familia Barbera, tienen un significado más profundo; son el símbolo del regreso de la famosa lasagna Fernanda.
Una Tradición Familiar
La historia de esta emblemática lasagna se halla profundamente enraizada en la familia Barbera. María Teresa Corradini, hija de Fernanda, recuerda que la lasagna solo se elabora durante septiembre, cuando los alcauciles están en su mejor momento. No es un platillo que se encuentre en el menú habitual de los restaurantes La Marchigiana y Francesco, lo que lo convierte en una delicia esperada por muchos en Mendoza.
Fernanda: Una Historia de Amor y Cocina
La historia comienza con Fernanda, quien llegó a Mendoza en 1948 tras huir de la guerra. Con sus hijos en brazos, se adentró en el mundo de la cocina. Junto a su hija Teresa, inició lo que sería el primer restaurante italiano en la provincia. La comunidad empezó a conocerla como «la Marchigiana», un apodo que conectó su identidad con su tierra natal en Italia. Esta mujer es recordada por su talento culinario y su incansable trabajo.
Un Plato que Une Generaciones
Después de la muerte de Fernanda en 1989, Teresa encontró unos hermosos alcauciles en el mercado y pensó en su madre. Fernanda había cocinado muchas lasañas en el pasado, generalmente con carne. Al fusionar esa memoria con los alcauciles de temporada, Teresa creó la lasagna Fernanda, un plato que mantiene viva la memoria de su madre. Este nuevo enfoque permitió que la tradición familiar prosperara, consolidando un lazo que se hace más fuerte con el tiempo.
El Secreto Detrás de la Receta
A diferencia de muchas recetas que se guardan celosamente, la familia Barbera no oculta su fórmula. Lo que complica su reproducción es el tiempo y el esfuerzo que requiere. Se empieza con alcauciles frescos, que se deben limpiar y preparar cuidadosamente. Después se combinan con mantequilla, condimentos y salsa blanca, formando un relleno aromático.
Construir la lasagna es un proceso que demanda paciencia; se alternan capas de pasta, alcauciles y queso, formando un plato generoso que debe reposar antes de ser servido.
Una Fecha muy Esperada
La lasagna Fernanda no se puede disfrutar todo el año porque los alcauciles tienen una temporada específica. En Mendoza, los mejores alcauciles llegan desde el cinturón verde, donde se cultivan con dedicación. La espera hasta septiembre no solo es un ritual culinario, sino un acto de homenaje a la memoria de Fernanda.
El Poder de la Comida
La lasagna Fernanda es más que un plato delicioso; representa el amor de una hija por su madre. A través de esta receta, Teresa logra que Fernanda regrese cada septiembre, en la forma de una exquisita pasta que une a la familia. Este platillo se convierte, así, en una manifestación de memoria colectiva y afecto familiar, una tradición que sigue viva en la mesa de muchos mendocinos.

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