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Brasil y el auge de la propaganda impulsada por algoritmos

CAMBRIDGE ANALYTICA Y EL NEGOCIO DE LOS DATOS

La historia de Cambridge Analytica comienza con el uso de operaciones psicológicas (PsyOps), una herramienta militar diseñada para estudiar y modificar comportamientos en poblaciones. Este enfoque fue adaptado por la SCL Group (Strategic Communication Laboratories), transformando técnicas militares en estrategias para campañas electorales, según lo documentado por el Parlamento británico. Esta trayectoria permite interpretar su propaganda desde la perspectiva de la guerra de quinta generación, que se centra en disputas por percepciones y decisiones en la vida cotidiana.

LA PROPAGANDA COMO ARMA ELECTORAL

En 2016, Cambridge Analytica se asoció con la campaña de Donald Trump y, en relación al Brexit, AggregateIQ, una firma previamente contratada por SCL, gestionó publicidad para aquellos que deseaban abandonar la Unión Europea. Facebook, conocido hoy como Meta, proporcionó la infraestructura necesaria para la extracción de datos de millones de usuarios. La autoridad estadounidense de protección del consumidor sancionó a Cambridge Analytica y a Facebook por violaciones de privacidad. Esta relación perjudicó la intimidad, convirtiendo perfiles y temores en herramientas de influencia comercial.

META BAJO LA LUPA DE LA JUSTICIA BRASILEÑA

En Brasil, las elecciones de 2026 enfrentan las consecuencias de esta concentración de poder. Meta admitió haber desactivado una cuenta publicitaria de Lula y reconoció fallos en sus filtros de inteligencia artificial, que generaron anuncios electorales bajo ciertas condiciones. El Tribunal Superior Electoral (TSE) solicitó respuestas técnicas a Meta y X, imponiendo plazos y multas por incumplimiento. La investigación se centra en denuncias de desigualdad en la distribución de contenido y restricciones en la propaganda electoral. Sin embargo, el TSE no ha logrado desarrollar herramientas efectivas para evaluar las irregularidades relacionadas con las plataformas de las Big Tech.

LA DEMOCRACIA FRENTE AL PODER DE LAS BIG TECH

La democracia brasileña enfrenta graves consecuencias en medio de la polarización política. Independientemente del ganador de las próximas elecciones, el daño causado por la ausencia de isonomía por parte de las Big Tech afecta la opinión pública. Brasil, que solía ser un espacio de consenso, ahora está marcado por el odio y la violencia, donde extremistas de derecha buscan silenciar a sus adversarios. Esta situación es el resultado de una realidad mediada por teléfonos celulares que han sido convertidos en armas de guerra contra la autoafirmación de los pueblos.

DESAFÍOS PARA UNA DEMOCRACIA SALUDABLE

La isonomía demanda reglas claras y condiciones equitativas para la competencia. Una plataforma que puede bloquear publicidad o restringir visibilidad ejerce un control significativo sobre las oportunidades políticas. Es esencial que las explicaciones empresariales sean sometidas a verificación independiente, con criterios públicos y auditorías. La transparencia no es solo una cuestión de buena voluntad corporativa, sino un elemento central de la soberanía informacional y los derechos ciudadanos. La falta de claridad en los criterios de operación puede perjudicar tanto a candidatos como a ciudadanos, creando una dependencia dañina del mismo intermediario que necesita ser examinado.

CONCLUSIONES

Diez años después del ciclo electoral de 2016, la microsegmentación combinada con avances en inteligencia artificial se presenta como una amenaza. La capacidad de intervención en la esfera pública ha generado un entorno donde los ciudadanos reciben estímulos altamente personalizados, aumentando la dificultad para reconstruir quién controla la narrativa. La opacidad en estas operaciones amplía el riesgo para una democracia sana, haciéndose necesario reflexionar sobre cómo gestionar estas herramientas en el futuro.

* Caio Manhanelli es un antropólogo con experiencia en consultoría política estratégica, ofreciendo servicios para campañas electorales en Brasil y Paraguay.

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