Reflexiones de Monseñor Jorge Ignacio García Cuerva
En el marco de las fiestas patronales de la Parroquia Santa María de Betania, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva compartió una reflexión centrada en pasajes del Evangelio que propone enseñanzas aplicables a la vida diaria. Durante su discurso, el arzobispo abordó temas relacionados con la cordialidad y el trato humano, instando a la comunidad a recuperar gestos simples que parecen haber desaparecido del lenguaje cotidiano.
La pérdida de la cordialidad
Uno de los aspectos clave en la charla fue el gesto de Jesús al despedir a la multitud tras la multiplicación de los panes. García Cuerva consideró que esta acción, que implica detenerse y reconocer al otro, es vital en una sociedad donde el buen trato ha decrecido. Cuestionó la falta de palabras como “hola”, “gracias” y “perdón”, invitando a redescubrir la importancia de la cordialidad en las interacciones diarias.
Recuperar la pausa y el silencio
Otro eje fundamental de la reflexión fue la necesidad de frenar el ritmo acelerado de la vida moderna. García Cuerva recordó cómo Jesús se retiraba a rezar tras despedir a la multitud. Desde esta perspectiva, resaltó la importancia de la oración como una pausa esencial para recargar energías y reconectar con lo que realmente importa. Al igual que una estación de servicio que permite continuar un viaje, la oración puede realizarse en diferentes contextos, ya sea en celebraciones o en la intimidad del hogar.
Transformar las dificultades en oportunidades
El arzobispo también abordó la capacidad de mirar más allá de las tormentas personales. Utilizando el ejemplo de Pedro caminando sobre el agua, destacó que mantener la mirada en Jesús permite superar los obstáculos. Advierte que, al concentrarse solo en lo negativo, se corre el riesgo de quedar atrapado en los problemas. Es crucial, según García Cuerva, aprender a ver el apoyo y la esperanza en medio de las dificultades.
Abandonar viejas seguridades
En su reflexión, García Cuerva llamó a abandonar las seguridades que impiden el avance personal. Usó el ejemplo de Pedro, quien dejó su barca en medio de la tormenta para seguir a Jesús. Llamó a cuestionar las ideas, prejuicios y rencores que se convierten en lastres para el crecimiento personal. Esta invitación no implica renunciar a las convicciones, sino revisar las certezas que se transforman en obstáculos.
Un llamado a la comunidad
Al finalizar, el arzobispo ofreció cuatro peticiones a la comunidad: recuperar el buen trato y la cordialidad, tomar un tiempo cada día para la oración y la escucha, atreverse a soltar aquellas seguridades que pesan y enfrentar las dificultades sin permitir que estas dominen la vida. Con este mensaje, García Cuerva instó a construir vínculos más humanos, recuperar momentos de silencio y atravesar las tormentas de la vida con esperanza.

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